Bajo el Volcán. Revista del Posgrado de Sociología. BUAP, Año 8, Núm. 15, noviembre de 2026 – abril de 2027, pp. 331-335.
ISSN 2954-4300 · https://doi.org/10.32399/ICSYH.bvbuap.2954-4300.2026.8.15.932

Reseñas e intervenciones

Yo no conocí a Francesca

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Josué Federico Pérez Domínguez
Universidad Autónoma Comunal de Oaxaca/Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, México
ORCID: https://orcid.org/0009-0008-9898-2837

Recibido: 31/05/2026
Aceptado: 10/08/2026

Yo no conocí a Francesca Gargallo Celentani. Pero conocí a Helena, su hija, y esa ha sido una manera indirecta, diferida y maravillosa de conocerla. La primera vez que escuché acerca de Francesca fue en boca de un furibundo anarco-comunista: «No tengo nada en contra el movimiento feminista, incluso estoy de acuerdo con los objetivos de su lucha, pero hay una feminista que, de plano, no la aguanto, no la soporto». Se refería a esa mujer que, para ese entonces, por ahí de 2019, ya era una «señora iracunda», cuyas intervenciones públicas eran cada vez más disruptivas, pues Fran no le tenía miedo a nada y no le debía nada a nadie, ni a la academia, ni al propio movimiento feminista, ni mucho menos a ningún macho de izquierda. Un par de años antes había conocido a Helena, de lejos, y algún amigo común del mundillo de jóvenes italo-mexicanos de la Ciudad de México me ha de haber dicho: «Es hija de Francesca Gargallo, la escritora».

Yo no leí a Francesca, sino hasta después de su muerte. De inmediato me impresionó su frescura y seguridad narrativa, la ligereza de sus pasos argumentales que danzan y a veces despegan del suelo para volar como palomas. Leí lo primero que me cayó en esa época: La costra de la tierra y luego La semilla (Plan campesino de solteras), ambos editados por Heredad bajo el cuidado de su joven amigo Rafael Mondragón y Olivia Velázquez Macías. Lo que más recuerdo de ambas obras es la sensibilidad terrenal de su autora, su dolor ante las heridas de la tierra, así como la urgencia por encontrar soluciones y respuestas a la catástrofe. En «tiempos indolentes», como Francesca ha dicho en su poema «Digo si puedo», esta mujer podía sentir las llagas ocultas de la tierra, recorrerla en incontables veredas, montañas y comunidades, donde otras mujeres tejían lazos de sororidad y sanación colectiva.

En La costra de la tierra, el lector percibe una inquietud cercana a la angustia de quienes presienten el apocalipsis, un fin de los tiempos provocado por la catástrofe social y climática. Al leerla, podemos percibir cómo el cuerpo de la novela, su lenguaje y forma poético-política, se estira y se contrae sin encontrar acomodo ni forma definitiva, como transmitiendo la propia incomodidad de la protagonista ante el dominio patriarcal del mundo, así como su búsqueda por encontrar, en la amistad y la poesía, la clave para preservar la vida y reorientar la civilización.

Sofía Hernández Navarro, médica forense obsesionada con encontrar el sentido completo de un poema escrito por un misterioso poeta llamado Smohalla (¿chamán, portavoz, jefe? O ¿acaso es ella: chamana, portavoz, jefa?) del ignoto pueblo sokulk, viaja a la Meseta Purépecha, en Michoacán, para entrevistarse con un geólogo dedicado a la minería y un viejo campesino, y así tratar de cambiar su vida de manera radical y tal vez salvar al planeta de la devastación ambiental. El poema que obsesiona a Sofía (y a Francesca) dice:

Mis jóvenes jamás trabajarán,

quien trabaja no puede soñar, y

la sabiduría nos visita en los sueños.

Me pides que are la tierra

¿por qué debería tomar un cuchillo

y destrozar el pecho de mi madre?

Entonces cuando yo muera ella no me llevará

en su seno a descansar.

Me pides que desentierre las piedras.

¿Por qué debería cavar bajo su piel

para sacar sus huesos?

Entonces cuando yo muera no podré

entrar en su cuerpo

para volver a nacer.

Si bien, como dice Helena al analizar la obra de su madre, en La costra de la tierra prevalece un interés lírico y geológico (Scully, 2026, p. 25), la preocupación de la protagonista es muy filosófica:

[…] la historia humana no resiste la idea feroz de la edad geológica: ante las eras, todo está condenado al olvido absoluto […] Todo está condenado a desaparecer, por ello debemos evitar la comparación del espíritu del tiempo geológico con el tiempo humano, para no caer en un pesimismo tenebroso: nada tendría sentido (Gargallo, 2023, p. 48).

Los diálogos que mantiene Sofía con el geólogo Jorge Pérez Badillo y con el viejo campesino, Melecio Equihua, así como con un pintor, Francisco Ramírez Córdoba, siempre enamorado de ella, traslucen la búsqueda de respuestas a la crisis civilizatoria, la necesidad de una sabiduría mayor a la de las ciencias y las artes, una sabiduría telúrica que atraviesa un tiempo inmemorial, una sabiduría de la Tierra, incluso del Cosmos.

Es tanto el dolor de Sofía por las cicatrices que las autopistas dejan marcadas en la costra de la tierra, que llega a aspirar a dejar todo contacto social «en busca de un mundo verde donde convertirse en bestia» (Gargallo, 2023, p. 50). Podemos pensar en cómo una viajera como Francesca vivía esa contradicción: la necesidad de las carreteras –cicatrices en la superficie terrestre– para escapar de las ciudades y atravesar las fronteras asesinas, y la consecuente reiteración de la herida sobre la Madre Tierra. Al final, ni la promesa de encontrar «la piel de la tierra» en el amor heterosexual impide que Sofía siga en la búsqueda de sí misma y de la vida.

En La semilla, «biología y épica» (anota Helena en su tesis), la protagonista, Dafne, una periodista griega que disfruta de los placeres de la vida y el sexo, se alía a Jacinta Vargas, una bióloga ecologista mexicana casi septuagenaria que desconfía de la biotecnología y de los transgénicos, para emprender una aventura de investigación científica y defensa de la vida campesina en algún lugar de la mixteca oaxaqueña. Vargas le advierte por teléfono a Dafne de los peligros del cambio climático y el uso de transgénicos para los ecosistemas del mundo y de México, en particular

Le habló de la desertificación que avanza, de las nuevas tormentas que nacen en el mar y sobre la tierra de bosques talados arrasan con todo, de los árboles que mueren de un ventarrón en la montaña y quedan con las raíces al aire y la copa verde en el suelo, aplastando los retoños […] Entiéndeme, Dafne, el maíz transgénico está contaminando las tierras de cultivo de los maíces tradicionales, cincuenta razas y cientos de variedades y colores en México, una por cada tipo de suelo, clima y régimen de lluvia (Gargallo, 2023a, p. 26).

¿Y en qué consiste el plan? En articular y activar una «red ecologista» (Gargallo, 2023a, p. 94) que se extiende desde Calpulalpan, en la mixteca baja oaxaqueña, donde montan un laboratorio improvisado y oculto entre las cocinas de las mujeres y los talleres mecánicos, hasta Guelatao, en la Sierra de Juárez, Textepec, ya casi pasando a Veracruz, y Juchitán, en el istmo de Tehuantepec. En esa red, donde además de la bióloga y la periodista participan un policía mixteco, dos jóvenes homosexuales, un pintor, una estudiante que hace su tesis y una niña, cada quien hace lo que puede y aporta lo que sabe. El objetivo: comprobar que las semillas nativas están siendo contaminadas por los transgénicos, denunciarlo en todo el mundo y así levantar la resistencia de los pueblos y comunidades campesinas de todo México. ¿Por qué de solteras? Porque la soltería, como se sabe, es una de las condiciones de la libertad de movimientos, encuentros y agenciamientos sociopolíticos.

Podríamos pensar, entonces, que otra de las múltiples dimensiones e intereses de Gargallo fue el ecofeminismo, pero siempre en diálogo e involucramiento profundo con las mujeres indígenas y afrodescendientes de Nuestra América. Es decir, aunque los personajes principales y las voces narradoras de sus relatos y novelas casi siempre son mujeres jóvenes o maduras, clasemedieras, urbanas y profesionistas (médicas, periodistas, profesoras, estudiantes), se encuentran y se relacionan de manera profundamente comprometida con la vida y la experiencia de mujeres campesinas de los pueblos originarios de México, América Central y América del Sur. Gargallo, como han mostrado académicas y amigas suyas, llenó de contenido político específico su feminismo autónomo y nuestroamericano: la lucha de las mujeres de Abya Yala en contra del heteropatriarcado colonial y capitalista. Y ahí, en diálogo y convivencia con ellas, en su «deseo profundo» por confundirse con ellas (Gargallo, 2009), reconoció la urgencia de defender las tierras, los ríos, los lagos, las montañas, las semillas, las lenguas y las artes originarias, las formas de vida comunitaria, etcétera.

¿Cómo pudo Francesca desprenderse, fugarse en acto rebelde, de su origen europeo, aristocrático, blanco, civilizado? Gracias al amor, sin duda. Al amor por estas tierras y al amor por Helena, de quien escribió en el relato Tetas, que era «la única persona de la que puedo decir que amo sin ganas de huir al reconocerlo». Ese amor por Helena es el que la impulsó a tener «ganas de hacer, de escuchar» (Gargallo, 2003, p. 32) a esas otras mujeres, las invisibilizadas y silenciadas de siempre. Ese es el feminismo autónomo y popular de Francesca, el que tejió andando e investigando por América Central y América del Sur. Su conocida pasión por viajar, acompañada de sus amigas y de Helena, le permitió sentir con otras y conocer directamente, vivencialmente en la lucha por la liberación y en contra de las violencias patriarcales, el dolor de las mujeres campesinas, indígenas, afrodescendientes de cientos de rincones de Nuestra América, amenazados y vulnerados por el dominio capitalista y patriarcal. Su obra y su ejemplo de vida es hoy una guía insoslayable y cada día más necesaria para la reinvención de la utopía.

Referencias

Gargallo Celentani, Francesca (2003). Verano con lluvia. México: Era.

Gargallo Celentani, Francesca (2009). América como territorio de expresión de feminismos antihegemónicos. En el blog Francesca Gargallo. La calle es de quien la camina, las fronteras son asesinas. https://francescagargallo.wordpress.com/ensayos/feminismo/no-occidental/america-como-territorio-de-expresion-de-feminismos-antihegemonicos/.

Gargallo Celentani, Francesca (2023). La costra de la tierra. México: Heredad.

Gargallo Celentani, Francesca (2023a). La semilla (Plan campesino de solteras). México: Heredad.

Scully Gargallo, Helena (2026). Mi mamá tuvo mi edad. Un análisis de la maternidad en la obra literaria de Francesca Gargallo. (Trabajo final para obtener el título de Licenciada en Creación Literaria). Ciudad de México: uacm.