ISSN 2954-4300 · https://doi.org/10.32399/ICSYH.bvbuap.2954-4300.2026.8.15.904
Reseñas e intervenciones
Dialogando en torno a la atención. Reflexiones sobre el tema de la atención en Simone Weil y Francesca Gargallo
A dialogue on attention. Reflections on the concept of attention in Simone Weil and Francesca Gargallo
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Fabiola del Vecchio
Indici paritari, Italia
Recibido: 31/05/2026
Aceptado: 14/09/2026
Resumen
El presente texto pretende investigar y evaluar la hipótesis de algunos puntos de contacto entre el pensamiento de Francesca Gargallo y el de la filósofa francesa Simone Weil. El hipotético paralelo entre dos personalidades tan distintas por muchos aspectos, además del contexto histórico y sociocultural en el cual han vivido y desarrollado sus visiones, sus obras y sus vidas, está basado en la centralidad del concepto de la atención como actitud de concebir las relaciones, de mirar al mundo de forma dinámica y comprometida, haciendo corresponder la inteligencia de las cosas con una acción coherente y capaz de una entrega profunda. En particular, la construcción ética, política, filosófica, narrativa y poética en Francesca Gargallo se analizará a través de su novela lírica La costra de la tierra (Heredad, 2024) como un caso de estudio en el cual la pensadora y escritora concentra temáticas de particular urgencia para la sobrevivencia humana con una atención-tensión política que busca salidas colectivas frente a las dinámicas opresivas ejercidas por el poder global.
Palabras clave: Atención, diálogo, relación, Tierra, compromiso.
Abstract
This paper aims to investigate and assess the hypothesis of certain points of convergence between the thought of Francesca Gargallo and that of the French philosopher Simone Weil. The proposed parallel between these two figures—who differ in many respects, not least because of the historical, social, and cultural contexts in which they lived and developed their ideas, works, and lives—is grounded in the centrality of the concept of attention as a way of conceiving relationships, of engaging with the world in a dynamic and committed manner, and of aligning an understanding of reality with coherent action and a profound capacity for self-giving. In particular, the ethical, political, philosophical, narrative, and poetic framework of Francesca Gargallo's thought will be examined through her lyrical novel La costra de la tierra (Heredad, 2024), which serves as a case study in which the thinker and writer brings together themes of particular urgency for human survival. Through a form of political attention understood as tension and commitment, Gargallo seeks collective alternatives to the oppressive dynamics exercised by global power.
Keywords: Attention, dialogue, relationship, Earth, commitment.
Hay una palabra que desde hace días me pide que profundice en ella. Esto me pasa cuando un pensamiento ocasional se queda dentro de mí, escondido pero activo, haciéndome cosquillas en el cerebro y empezando a reclamar una forma para existir.
Se trata del término atención. La atención como una palabra clave en las obras de Francesca Gargallo, en su pensamiento y, en definitiva, en su vida.
Sabemos bien que la lengua es algo siempre vivo y en constante mutación, que existen palabras eternas y otras que toman diferentes matices, que algunas desaparecen mientras otras nacen. Por eso la etimología a veces parece algo muy raro, pero no en esta ocasión.
Atención es un vocablo de la lengua latina, nace como suma de ad y tendere, es un verbo dinámico que expresa un movimiento, el deseo, la intención y la voluntad de dirigirse hacia algo.
Hay poetas que han hecho de la atención un concepto clave, así como ha interesado la filosofía y, acabo de descubrir, existe la fenomenología de la atención.
No se puede pensar la atención, por lo menos aquí en Europa, sin que la mente vaya a los escritos de la filósofa Simone Weil.
Filósofa política, profesora que se hizo obrera y campesina para compartir hasta con su cuerpo la privación y opresión, activista con su profundo compromiso social antimilitarista, alternaba la actividad sindical con cursos para obreros y mineros y con encabezar protestas y manifestaciones. Mística en sus últimos años cuando decidió dedicarse a la investigación teórica,
Lo que no excluye para mí la eventual participación en un gran movimiento espontáneo de masas (como soldado raso), pero no quiero ninguna responsabilidad, por pequeña que sea, o incluso indirecta, porque estoy segura de que toda la sangre se verterá en vano y que estamos derrotados por adelantado (Pétrement, 1997).
Más de una vez, Weil se dedica a escribir lo importante que es la atención como actitud que se logra a través del constante ejercicio y que consiste en suspender el pensamiento, en dejarlo disponible hasta llegar a un estado receptivo y abierto. Es en los cuadernos reunidos bajo el título La gravedad y la gracia, escritos en Marsella entre el otoño de 1941 y la primavera de 1942, donde encontramos la reflexión clave: «La atención es la forma más rara y pura de generosidad», actitud y esfuerzo que están estrechamente ligados con el deseo, porque «El deseo es el gran constructor de mundos y la atención, su herramienta». (Arnau, Martinez Gallardo, 2021).
En Simone Weil la atención no es pura teoría, es reflexión filosófica que se hace práctica, que busca cómo conocer en su propia carne las necesidades de los seres humanos para intervenir desde la acción y por ello se dirige tanto a las personas cercanas como hacia la clase trabajadora y los pueblos oprimidos. Y la dirige hacia sí misma para superarse y ampliar su visión y sus sentires.
Y es aquí donde quiero atreverme a un encuentro, a un diálogo, entre las dos pensadoras, Simone Weil y Francesca Gargallo, a través de estas palabras clave que son atención, deseo, generosidad, acción práctica.
Es cierto que Weil y Gargallo son dos personalidades totalmente diferentes dado que están separadas por la época, el contexto, la formación, la visión. Pero, al mismo tiempo, son dos pensadoras profundas que unen la reflexión teórica a la práctica cotidiana, las dos capaces de una coherencia absoluta entre el decir y el actuar, las dos profundamente situadas en sus realidades. En definitiva, dos mujeres cuyas mentes y cuerpos se hacen espacio coherente para la atención y la generosidad.
Si el vocablo atención nació como un movimiento hacia alguien o algo, ¿hacia dónde dirige Gargallo su atención? Sus ensayos, sus novelas y poesías, al igual que su vivir, nos cuentan que la atención se configura como una manera de estar en el mundo, porque se hace en ella actitud y perspectiva.
Una atención que se dirige tanto a las personas más cercanas como a las desconocidas y lejanas, a sus necesidades materiales al igual que a su potencial interior, tanto a las entrañas de la Tierra como a la vida efímera de una flor. Lo mismo al dolor que a la alegría.
Todo vale, todo cuenta. Todo merece atención. Todo merece este movimiento de mente, cuerpo e inteligencia.
Si a todo esto le sumamos que en su forma plural la atención se vuelve una expresión de cuidados, de afecto, de preocupación, nos damos cuenta de que una vez más la lengua nos señala un camino: como en Simone Weil, no hay en Gargallo una atención que no se vuelva acción, cuidado, lectura política del hecho y con ello ocasión de transformación.
Entonces, ¿cómo entra, qué forma toma todo esto en la obra literaria de Francesca Gargallo? Aunque hay varios escritos que podríamos utilizar como guía en esta lectura, me parece que la novela La costra de la tierra, escrita en el 2006 y publicada en 2024 gracias a la Editorial Heredad, resulta particularmente preciosa en este sentido.
La costra es una novela lírica y un texto de denuncia, convoca a la ciencia, la poesía, los saberes ancestrales para enfrentar el tema ecológico, su raíz económica y sus consecuencias sociales.
La explotación de la tierra ocupa el lugar central con el saqueo de los territorios rurales por parte de la agroindustria, los talamontes clandestinos, la mafia y el narcotráfico, poderes que resultan violentos al igual que la policía o el ejército.
Violenta es la manera con la cual se pretende exprimir la tierra, desviar los ríos que no seguirán dando agua a las comunidades campesinas, violento es el fraccionamiento hidráulico y la política que incentiva la agricultura intensiva expropiando tierra para la extracción de minerales e hidrocarburos.
Los abusos se van sumando en cada página: encontramos, entre los diversos puntos, el tema de las personas desaparecidas y el de las buscadoras, la trata, la migración y la violencia machista y podríamos seguir, y seguiremos, la lista de los argumentos que se involucran mientras continuamos participando en la lectura de la historia.
Francesca Gargallo en su narración parece avanzar por acumulación, como si nunca fuera suficiente, como si constantemente hubiera algo más que pretende entrar, a lo que no puede dejar de darle voz y espacio en el texto.
Algo que se parece a la búsqueda de una totalidad. Con una ansiedad que se vuelve urgencia en la coyuntura en que vivimos que no deja otra opción que mantener la atención viva y activa en cada dirección, como si fuera una alerta perenne.
Es esta atención suprema la que da forma a un mundo, la que va más allá de la narrativa volviéndose opción ética y de vida.
Es la atención urgente de la cual nos habla la protagonista, Sofía Hernández Navarro, cuando afirma que «aquí y ahora debemos escuchar la enseñanza que la tierra transmite, en este instante, mañana no sabemos si vendrá, mañana podría no ser».
Entremos un poco más en los acontecimientos y personajes de la obra.
Su protagonista, Sofía Hernández, es una médica que fue forense en la policía. Ella ha vendido todo lo que tenía y ha abandonado la ciudad donde había visto crecer en la gente el miedo y la depresión. En su nueva vida aprende el trabajo de la tierra de don Melesio, el guardián de la tradición, el viejo Tarhecha, cuyos saberes ya no interesaban a su comunidad, la cual había abandonado el trabajo agrícola gracias a las remesas de los migrantes. Sofía se vuelve su pupila, la heredera de sus conocimientos ancestrales que sin embargo no resultan suficientes para un cambio radical de vida: la mujer quiere entender más en lo profundo y por eso convoca a un geólogo, a un pintor, a la ciencia y al arte, para comprender, como afirma en el texto, qué es la tierra. Al igual que la protagonista, los dos hombres presentan personalidades inquietas que están forjando sus vidas después de un cambio importante.
Jorge, el geólogo que rompe su contrato de trabajo porque no acepta trabajar en el fracking y garantizar, como se le pide, que esa práctica sea inocua y no tenga consecuencias. Negándose a firmar, renuncia a su trabajo con la intención de detener inversiones millonarias en una práctica que destruye el tejido geológico de la Tierra.
Francisco es pintor, concreto, materialista; un accidente terrible ha cambiado su relación con el arte. Es un caminante también, cruza desiertos para encontrar glifos y buscar nuevas formas expresivas.
Sofía los convoca a los dos a través de una carta que contiene una poesía de Smohalla, el profeta y predicador del pueblo norteamericano Wanapum en el siglo xix.
Sofía es una mujer que cuestiona los roles tradicionales en su actuar, como en sus reflexiones cada vez que un recuerdo de las enseñanzas de su madre se asoma a su memoria. Parece enamorarse de ambos que, a su vez, se ven atraídos e involucrados en la relación, pero la tensión erótica, así como los momentos de ternura, se resuelven exactamente en esto: son momentos. Porque Sofía necesita seguir su búsqueda; su atención no quiere distracciones.
Es inteligencia y cuerpo: un cuerpo que percibe la naturaleza cuando sabe hacerse parte de ella hasta sentir los huesos y los músculos «acomodarse como tierra removida alrededor de unas raíces», cuerpo que se autopercibe y que quiere «compartir sábanas sin deber nada» al día siguiente.
Se enfrenta personalmente con el tema de la violencia machista cuando se queda unos días en un rancho donde viven y trabajan dos mujeres, una joven embarazada y su madre. Con ellas comparte el trabajo y es testigo de la violencia del marido de la joven que, uno de aquellos días, de regreso a casa, agrede a su mujer. Sofía interviene, salvándola de una muerte segura y la ayuda en las siguientes horas a dar a luz a su hija.
La convivencia, la ayuda recíproca, la alianza entre mujeres en la cual entra la enfermera que salva a Sofía de la acusación de homicidio: el entre mujeres de Francesca que se evidencia y determina la situación narrativa. Una pieza más en nuestro rompecabezas.
Hay otros temas que Gargallo reafirma a lo largo de la narración: el papel negativo jugado por las autoridades que, cuando no resultan dañinas, son inútiles porque no cumplen con las necesidades de su población; la corrupción de cualquier forma de poder, ya sea político, militar o policial, que actúa para controlar la población a través del miedo tanto en la ciudad como en el campo; está presente el antimilitarismo, así como el dolor de las personas migrantes y los pueblos indígenas perseguidos. Además, toda la novela expresa con fuerza la crítica al modelo de desarrollo vigente, que no solo «ha podrido el equilibrio de la Tierra», sino que también condiciona fuertemente la libertad de movimiento de las personas, desde que la propiedad privada ha colonizado el horizonte y ya «no quedan árboles que dan frutos que no pertenecen a nadie».
Sigue, entonces, el tema del entramado entre naturaleza, libertad y justicia social en la historia que se propone también como crítica a la evolución de los saberes científicos, que en su devenir se han vuelto obsesivamente especializados, hasta perder la visión de la totalidad que es la Tierra y en esa todas las formas de vida: humana, animal, vegetal, mineral y más allá hasta los organismos unicelulares. Un análisis histórico de la evolución cultural que se resume en la producción de saberes domesticados funcionales a exonerar a los seres humanos de su irresponsabilidad con la Tierra y con todos sus procesos físicos y biológicos. Ciencia y lenguaje científico toman sus espacios en el relato cuando los personajes discuten el estado de la Tierra y cuando se refieren, nombrándolos, a más de un científico.
El tiempo geológico en comparación con la evolución del lenguaje y de la poesía; la ciencia y la filosofía, el arte en todas sus formas y los rituales ancestrales nos ayudan a volver a nuestro tema central: todo sirve, todos los lenguajes concurren y son convocados por la atención de Francesca Gargallo para enfrentar la urgencia histórica y social de la época en que vivimos.
Una atención que, al igual que en Simone Weil, analiza con lucidez, contesta y combate el sistema opresivo buscando donde haya salidas practicables. Deseo y ética, amor a la belleza y coparticipación al ritmo de la naturaleza llevan a la filósofa francesa a su proceso conocido como conocimiento pasivo, que bien podríamos interpretar como voluntad de deconstrucción de rutas ya demasiado conocidas y parecen llevar a Francesca Gargallo a experimentar en La costra de la tierra, como en mucha parte de su obra literaria y, de manera diferente, en sus ensayos, las formas de resistencias viables.
Los dos caminos son políticos en su voluntad de transformar lo existente en beneficio de la colectividad.
Frente a todas las formas de violencia que entrelaza, repito, con la urgencia de que ninguna sea olvidada, Francesca presenta aquellas prácticas que nos proponen otra manera de vivir: si ya hemos visto la presencia de los saberes ancestrales en el personaje de don Melesio y en el poema de Smohalla, el feminismo con la alianza entre mujeres en el trabajo y en la lucha contra la violencia machista, o en el cuestionar roles y enseñanzas, no podemos no tomar en cuenta las veces que se refiere a los levantamientos de los campesinos y campesinas en defensa de sus territorios, a los movimientos sociales que logran despertar la conciencia, a quienes conservan e intercambian las semillas nativas que, al igual que los seres humanos, necesitan para vivir de un tiempo y un espacio propio que no es el del capitalismo. Debemos ser optimistas, le enseña su maestro a Sofía, si queremos defender la naturaleza y debemos actuar con ella con aprecio y gratitud, pidiéndole permiso, reconociendo la mariposa, el viento, el pájaro que canta. Árboles, agua, plantas, lluvia, tierra, piedra, selva, fuentes, nos acompañan a lo largo de la narración al igual que el sentido de responsabilidad hacia el Cosmos.
Es gracias al conocimiento profundo de los temas tratados que Gargallo evita tanto el riesgo del sentimentalismo como el de un efecto new age, regalándonos una experiencia inmersiva.
Sofía ahora sabe lo que es la tierra y lo que es la Tierra, le dice la mujer que la hospeda: algo muy valioso que supo venerar en su diversidad. Ha descubierto nuestra dependencia del Todo que ella es.
El Todo, la totalidad que con una atención generosa, grata, espiritual y política Francesca Gargallo nos entrega con esta novela.
Referencias
Arnau, J., Martinez Gallardo, A. (2021). Cultura de la atención en Simone Weil. Cuadernos Hispanoamericano. <https://cuadernoshispanoamericanos.com/cultura-de-la-atencion-en-simone-weil/>.
Gargallo, F. (2024). La costra de la tierra. Ciudad de México: Heredad.
Gargallo, F. (2024). La semilla (Plan campesino de solteras). Ciudad de México: Heredad.
Gargallo, F. (2020). Se posso partecipo. Roma: Aracne Editore.
Gargallo, F. (2022). La strada è di chi la cammina. Roma: Kairos.
Pétrement, S. (1997). La vie de Simone Weil. París: Fayard.
Weil, Simone (2025). La gravedad y la gracia. Madrid: Trotta.