ISSN 2954-4300 · https://doi.org/10.32399/ICSYH.bvbuap.2954-4300.2026.8.15.865
Pensamiento crítico
Los principios de una sociedad igualitaria, según el poder de la acción colectiva defendida por Noam Chomsky
The principles of an equalitarian society based on the power of collective action as advocated by Noam Chomsky
· · ·
Antón de la Iglesia Vélez
Universidad de León, España
ORCID: https://orcid.org/0009-0000-8261-6957
Recibido: 12/11/2025
Aceptado: 25/08/2026
Resumen
Este artículo analiza la propuesta de Noam Chomsky para alcanzar una sociedad igualitaria, fundamentada en el poder de la acción colectiva y una interpretación específica de la naturaleza humana. Partiendo de la crítica a los modelos socioeconómicos dominantes, se examinan las limitaciones de las posturas liberales, autoritarias y socialistas-leninistas para realizar el potencial humano. Frente a éstas, se desarrolla el modelo chomskiano de anarcosindicalismo o comunismo libertario, que propone la abolición del Estado, la propiedad privada y las estructuras coercitivas, reemplazándolas por una organización social basada en la democracia directa, la autogestión obrera y el apoyo mutuo. El artículo argumenta que este sistema, lejos de ser una mera utopía, se alinea con una naturaleza humana orientada hacia la libertad, la creatividad y la solidaridad, y se explora su viabilidad histórica mediante ejemplos como la Revolución española de 1936. La conclusión subraya la urgencia de implementar estos principios mediante la acción colectiva y la educación libertaria como antídoto frente a la alienación capitalista y la crisis civilizatoria.
Palabras clave: Noam Chomsky, anarquismo, acción colectiva, naturaleza humana, sociedad igualitaria.
Abstract
This article analyzes Noam Chomsky's proposal for achieving an egalitarian society, based on the power of collective action and a specific interpretation of human nature. Starting from a critique of dominant socio-economic models, it examines the limitations of liberal, authoritarian, and socialist-Leninist stances in realizing human potential. In contrast, it develops the Chomskian model of anarcho-syndicalism or libertarian communism, which proposes the abolition of the state, private property, and coercive structures, replacing them with a social organization based on direct democracy, workers' self-management, and mutual aid. The article argues that this system, far from being a mere utopia, aligns with a human nature oriented towards freedom, creativity, and solidarity, and explores its historical viability through examples such as the Spanish Revolution of 1936. The conclusion emphasizes the urgency of implementing these principles through collective action and libertarian education as an antidote to capitalist alienation and the civilizational crisis.
Keywords: Noam Chomsky, anarchism, collective action, human nature, egalitarian society.
Introducción
La mayor parte de las sociedades actuales se rigen por el sistema de libre mercado. La constante lucha y competencia por la supervivencia de la población es la norma actual; no obstante, esto no significa que este sea el modelo organizativo más justo o práctico, como tampoco lo son los modelos organizativos pasados. Debido a las desigualdades actuales surgió el interés por los diferentes modelos existentes y cuál es el más justo. El presente estudio tratará de comprender y evaluar los conceptos primordiales de los principios de una sociedad igualitaria, según el poder de la acción colectiva defendida por Noam Chomsky, y con ello responder a la siguiente pregunta: ¿mediante qué planteamiento podemos alcanzar una sociedad justa para el ser humano?
El libro principal del que se extraen los fundamentos teóricos para el presente estudio es Sobre la anarquía (2013); además, se utilizarán más libros del autor para relacionar la acción colectiva con la naturaleza humana: El gobierno en el futuro (1970) y Cooperación o extinción (2020). También se entrevistó al propio Chomsky para preguntarle sobre diferentes cuestiones en referencia a este trabajo, además de una diversidad de fuentes, entre ellas, artículos de investigación y material audiovisual.
En la investigación que trata de la búsqueda de una sociedad más justa, nos encontramos con una teoría general que se denomina anarquista; trataremos entonces diversas posturas que entran en discusión.
Esta teoría, basada en la libre cooperación entre individuos, puesto que según la interpretación de la naturaleza humana de Chomsky ésta es la mejor manera de organizarse y por tanto alcanzar la mayor realización como individuo. Es necesario tratar el asunto de la naturaleza humana, puesto que es de aquí de donde se sacan la mayor parte de los fundamentos y críticas. Con todo esto podemos llegar a la conclusión de que para Chomsky hay un sistema que es el más acertado para mejorar el mundo en el que vivimos, basado en la explotación del hombre sobre el hombre, que genera desigualdades que se traducen en pobreza, precariedad e infelicidad.
Para desarrollar estos planteamientos y dar respuesta a la pregunta inicial, el presente artículo se estructura de la siguiente manera: en el primer bloque, se abordará la interpretación de la naturaleza humana, contrastando críticamente las posturas liberales, las visiones autoritarias y el socialismo de Estado frente al enfoque anarquista y el debate contemporáneo. En el segundo bloque se desgranará el modelo anarcosindicalista propuesto por Chomsky y su aplicación práctica en contraposición a otros planteamientos políticos, tomando como marco histórico la Revolución española. Por último, en el apartado de conclusiones, se sintetizarán los hallazgos para reflexionar sobre la responsabilidad individual y la vigencia de la acción colectiva en la sociedad actual.
La interpretación de la naturaleza humana
Chomsky propone en su libro El gobierno en el futuro (1970) que para plantear un sistema organizativo se debe entender su trasfondo filosófico: la naturaleza humana, puesto que para él ser capaz de elaborar un planteamiento político, primero se deben analizar sus antecedentes, que tendrán como consecuencia poder discutir una sociedad futura. Para ello, expone las tres principales propuestas para alcanzar una sociedad mejor.
1.1 posturas liberales
Chomsky pone como primer ejemplo la postura de liberales clásicos, como Humboldt (1769-1859), quienes afirman que el ser humano es un ser social que ha nacido para investigar y crear; es decir, que busca el bienestar de su propia especie sin anteponerse al propio. También es un ser libre por naturaleza: «Cuando un hombre o un niño decide hacerlo sigue los dictados de su propia capacidad [...] se convierte en un artista» (Chomsky, 2005, p. 13); en cambio, si se le niega esta libertad y le fuerzan a actuar en contra de sus deseos, como ocurre en el sistema capitalista, puesto que los humanos se convierten en esclavos del capital, al verse obligados a trabajar para sobrevivir, lo harán en contra de sus deseos. Humboldt entiende, por tanto, que si esto ocurre el humano no es más que un instrumento de producción o, en el mejor de los casos, un «loro bien amaestrado» (Chomsky, 2005, p. 13).
Esta postura la comparte el joven Marx en sus Manuscritos económicos y filosóficos (1844). Aunque Marx difiere con los liberales en cuanto a los planteamientos políticos y sociales para alcanzar una sociedad mejor, ambos tienen, como señala Chomsky, una característica en común: la creencia de que el ser humano tiene como objetivo alcanzar el progreso humano y desarrollar su creatividad mediante el trabajo libre. Para el joven Marx, la actividad libre y creativa constituye la esencia o el «ser genérico» del ser humano (Marx, 1844, p. 24).
Sin embargo, si se le niega esta posibilidad y se le obliga a trabajar sólo para subsistir dentro del sistema capitalista, el individuo queda totalmente alienado contra su naturaleza. El propio Marx explica esta situación en el apartado sobre el trabajo enajenado:
¿En qué consiste [...] la enajenación del trabajo? Primeramente en que el trabajo es externo al trabajador, es decir, no pertenece a su ser; en que en su trabajo, el trabajador no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. Por eso el trabajador sólo se siente en sí fuera del trabajo, y en el trabajo fuera de sí. [...] Su trabajo no es, así, voluntario, sino forzado (Marx, 1844, p. 23)
El trabajo alienado hace que los trabajadores se vean obligados a realizar tareas denigrantes o repetitivas, y los convierte en simples máquinas deshumanizadas, por lo que se ven privados del carácter distintivo de la especie humana, es decir, la capacidad de ejercer una actividad libre y consciente que permita llevar una vida productiva y feliz. Como señala Chomsky, «La alienación provocada por el trabajo cuando este es algo ajeno al trabajador, [...] no forma parte de su naturaleza, [...] por lo que el trabajador termina sintiéndose exhausto físicamente y envilecido mentalmente» (Chomsky, 2005, p. 14). Cuando el trabajo deja de ser una elección propia y pasa a ser una imposición económica externa, el ser humano pierde el control sobre su propia vida y se convierte en un simple instrumento de producción.
Esto, hoy día, se ve reflejado en la poca libertad que hay a la hora de escoger los temas para estudiar, la arbitrariedad en la corrección de los exámenes, los cuales buscan separar indiscriminadamente a los aptos de los no aptos para trabajar en los engranajes del libre mercado, como señala Rousseau en su libro Emile (1762). También podemos ver esto en el caso de los superdotados donde el índice de fracaso escolar es superior al 60% y esto se debe como explica el artículo de la Dra. Olga Díaz y Lda. Carmen Pomar, «Desmotivación académica del alumno superdotado» (1998) en el cual exponen que la educación actual pone freno a la creatividad e imaginación de los alumnos, además de que les impide enfocarse en áreas particulares de su interés, lo que conlleva a la larga a la desmotivación y pérdida de la atención en los alumnos.
Por ello, las ideas de Rousseau, que son un antecedente de las de Chomsky, entienden que estos problemas serían evitables si transformáramos el modelo educativo hacia uno orientado a la auténtica naturaleza humana. Esta perspectiva, compartida también por Humboldt, sostiene que el ser humano es cooperativo, curioso y bueno por naturaleza, en contraposición al sistema actual centrado en la competitividad y el egoísmo.
Este modelo educativo y económico dominante se fundamenta en la concepción antropológica de Thomas Hobbes en su obra Leviatán (1651), según la cual los individuos son egoístas por naturaleza y están abocados a una constante lucha de todos contra todos (homo homini lupus). Desde la lógica capitalista, esta visión de Hobbes se utiliza para justificar la necesidad del libre mercado y de estructuras jerárquicas, argumentando que sólo mediante la competencia feroz y el control institucional se puede disciplinar a una naturaleza humana presuntamente destructiva.
De este modo, la educación actual actúa como la antesala del trabajo alienado. La escuela adiestra a los estudiantes para que interioricen la disciplina, la obediencia y la rivalidad que luego encontrarán en el mercado laboral, preparándolos para aceptar sin resistencia las condiciones actuales. Sin embargo, como bien señalan autores como Marx o el propio Chomsky en la entrevista «The purpose of education» (2012), si la naturaleza humana fuera realmente hobbesiana, los estudiantes no sufrirían las contradicciones internas del sistema educativo actual, las cuales se manifiestan en el fracaso escolar, la apatía, la ansiedad y la depresión ante la imposición de una actividad que niega su libertad creativa.
1.2 posturas autoritarias
Por otra parte, están los que entienden que la naturaleza humana es egoísta y cruel, y que, por tanto, una sociedad libre es contraria a ella. Entienden que la única sociedad posible es aquella donde gobierne el que es más fuerte. Esta postura es defendida por sofistas como Calicles, que afirma:
los que establecen las convenciones son los hombres débiles [...]. Por consiguiente, establecen las convenciones en relación a sí mismos y a su conveniencia, [...]. Amedrentan a los hombres más vigorosos y a los que son más capaces de acaparar más, para que no puedan acaparar más que ellos mismos, diciendo que acaparar es feo e injusto (Platón, Gorgias, 483b-484b / 488c-489d)
De aquí surge la teoría del esclavo feliz, recogida por Frederick Douglass en Narrative of the Life of Frederick Douglass, an American Slave (1845), la cual afirma que las personas no quieren ser libres, puesto que eso les haría ser responsables de los males del mundo, y por ello deciden relegar su libertad a una élite gobernante (la aristocracia), la cual se encarga de ejercer el poder de manera autoritaria; mientras que las personas puedan subsistir con las migajas que les dan los amos no se rebelarán.
Esto extrapolado a nuestros días se puede ver reflejado en teóricos y defensores del «capitalismo consciente», como John Mackey y Raj Sisodia en su libro Capitalismo consciente (2013), o economistas como Carl Kaysen, que defienden la teoría de las corporaciones con alma. Según este planteamiento, en una fase avanzada del capitalismo (en la que unas pocas corporaciones concentran la riqueza y dirigen la economía globalizada), estas empresas actuarían de forma bondadosa. Así, aunque ejercerían un poder determinante sobre la vida social, buscarían el bienestar de la población, el desarrollo tecnológico y la libertad, en vez de la acumulación exacerbada de riqueza. El propio Carl Kaysen lo describe así:
La dirección ya no se ve a sí misma como un agente de los propietarios que solo busca maximizar los beneficios de sus inversiones, sino que se considera responsable ante los accionistas, los empleados, los clientes, etc. y por tanto [...] ya no hay manifestaciones de ambición ni de codicia; ya no hay intentos de hacer recaer sobre los trabajadores o la comunidad la mayor parte de los costos sociales de la empresa. La corporación moderna es una corporación con alma (Kaysen, citado en Chomsky, 2005, p. 44)
Si bien es cierto que, en el papel, estas ideas de ser gobernados por autócratas benevolentes pueden parecer muy tentadoras, debemos pararnos a pensar en las consecuencias que esto supondría. Esto guarda una clara relación con lo defendido por Hobbes. Partiendo de esa concepción egoísta y violenta de la naturaleza humana vista anteriormente, Hobbes sostiene que, al carecer de una autoridad superior que imponga el orden, los seres humanos caen en un estado de conflicto perpetuo donde «durante el tiempo en que los hombres viven sin un poder común que los atemorice a todos, se hallan en la condición o estado que se denomina guerra; una guerra tal que es la de todos contra todos» (Hobbes, 1651, cap. xiii, p. 92). En este escenario de incertidumbre y violencia constante, la existencia individual resulta «solitaria, pobre, tosca, embrutecida y breve» (Hobbes, 1651, cap. xiii, p. 93).
Para evitar esta destrucción mutua, Hobbes argumenta que los individuos no entregan sus derechos en abstracto, sino que transfieren específicamente su derecho a autogobernarse y a ejercer la fuerza individual: «autorizo y transfiero a este hombre [...] mi derecho de gobernarme a mí mismo, con la condición de que vosotros transferiréis a él vuestro derecho, y autorizaréis todos sus actos de la misma manera» (Hobbes, 1651, cap. xvii, p. 129). De este modo se justifica la creación del Soberano (el Leviatán), una entidad con el monopolio absoluto del poder y de la coacción, encargada de garantizar la paz a cambio de la sumisión de la población, bajo el argumento de que cualquier orden impuesto es preferible al caos del estado de naturaleza.
Sin embargo, en la historia reciente, la aplicación de estos modelos de sociedad ha demostrado ser ineficaz. Los gobernantes, al no contar con la oposición activa del pueblo que ha transferido su capacidad de decisión y defensa, gobiernan de manera absoluta, degenerando en regímenes fascistas y autoritarios donde reina el terror y la muerte, tal y como ocurrió con los Estados fascistas europeos de mediados del siglo xx, o más cercano en el tiempo, el protofascismo americano, el cual busca mantener su decadente poder mediante la militarización extrema de la sociedad, causando muerte y desolación allí donde van en pos de la defensa de la libertad y la sociedad civilizada.
Las rebeliones espontáneas producidas a lo largo del mundo en busca de la libertad, ya que en el sistema capitalista bajo el que vivimos sólo existe la falsa apariencia de libertad, demuestran, como dice Chomsky, que «la naturaleza humana es buscar la libertad, aun cuando el costo de ella sea la muerte del individuo» (Chomsky, 2013, p. 22); un ejemplo son las revoluciones de los siglos xix y xx. Además, destacan las revoluciones en América Latina, como la revolución sandinista de 1979, en la cual el pueblo campesino, harto de los abusos de los grandes terratenientes, se alzó en armas y derrocó la dictadura de Somoza. Estos intentos revolucionarios han intentado ser suprimidos por el imperialismo estadounidense, como explica el periodista ecuatoriano Dax Toscano Segovia en su artículo «El imperialismo estadounidense contra América Latina» (2004), puesto que, como señala el periodista y el propio Chomsky en su libro El gobierno del futuro (1970), la forma que tienen las élites de los países ricos de mantener a la población alienada en contra de su naturaleza es mediante la represión, la cual deben externalizar a países vecinos para que estos no sirvan de ejemplo a los ciudadanos de sus respectivos países. Esto se puede ver claramente con las Contras, las cuales fueron financiadas y entrenadas por la cia, con la intención de restaurar la dictadura en Nicaragua tras la revolución.
1.3 el socialismo de estado y la perspectiva leninista
En el amplio espectro del pensamiento socialista, es necesario distinguir entre las corrientes libertarias y aquellas de carácter centralista y estatal. En esta última vertiente se sitúan los planteamientos del leninismo, los cuales ofrecen una interpretación particular de la naturaleza humana: entienden que, aunque la naturaleza del ser humano está orientada hacia el bien y la libertad, también es ingenua y se encuentra profundamente condicionada por la ideología dominante del sistema capitalista. Desde este punto de vista, la propiedad privada es la causante de la desigualdad y de los males sociales por oponerse a esa naturaleza bondadosa del ser humano, pero se considera que los trabajadores no pueden liberarse por sí mismos sin una guía superior.
Esta teoría fue desarrollada por Vladímir I. Lenin en su obra ¿Qué hacer? (1902). En este texto, Lenin sostiene que la clase obrera, abandonada a su propia dinámica espontánea, sólo es capaz de desarrollar una «conciencia tradeunionista» o meramente sindical, es decir, la lucha por reformas laborales inmediatas y mejores salarios, pero no una verdadera conciencia política revolucionaria (Lenin, 1902, p. 51). Por ello, defiende que la emancipación humana debe estar dirigida por un partido de vanguardia, formado por una élite proletaria y revolucionarios profesionales, cuya función es introducir la conciencia socialista «desde fuera» para guiar al grueso de los obreros y campesinos a la revolución que acabe con la propiedad privada (Lenin, 1902, pp. 62 y 162).
Posteriormente, en El Estado y la revolución (1917), Lenin profundiza en el papel del Estado durante la fase de transición hacia el comunismo. Allí argumenta que, para suprimir las clases y defender las conquistas populares, el proletariado debe instaurar la dictadura del proletariado, entendida como el proletariado organizado como clase dominante para aplastar la resistencia de los antiguos explotadores (Lenin, 1917, p. 27). Según Lenin, dado que el Estado es una fuerza especial de represión, este aparato coercitivo y centralizado resulta imprescindible en una primera etapa para defender la revolución y organizar la economía bajo la tutela del partido dirigente, hasta que las condiciones permitan la paulatina extinción del Estado (Lenin, 1917, pp. 19 y 105).
Como señala Chomsky, al ser el Estado una estructura jerárquica contraria a la libre naturaleza humana, esta concentración de poder acaba creando acumulaciones burocráticas que derivan en lo conocido como «burocracia roja» (Chomsky, 1970, p. 7), una nueva clase dominante en la Unión Soviética que terminó reproduciendo los mismos mecanismos de subordinación y explotación: «Los aspectos "burgueses" de la Revolución Rusa quedaban ahora al descubierto en el bolchevismo mismo: el leninismo era considerado parte de la socialdemocracia internacional» (Chomsky, 1970, p. 8). Al quedar el pueblo privado de un poder real de decisión directa en los centros de trabajo y en las comunidades (poder ejecutivo), el modelo centralista desembocó en el autoritarismo de Stalin, quien se encargó de acaparar todo el poder para una élite, quienes sometieron, una vez más, al pueblo a una autoridad ajena a ellos. Ésta se encargó de eliminar la libertad de expresión; cualquier intento de disidencia con la línea oficial del partido fue eliminado de la vida política.
1.4 el enfoque anarquista y el debate contemporáneo sobre la naturaleza humana
Frente a las posturas autoritarias y al socialismo de Estado, la corriente anarquista en la que se apoya Noam Chomsky defiende que las tendencias hacia la libertad, la cooperación y la creatividad forman parte intrínseca de la biología y la psicología humana. Esta concepción libertaria encuentra uno de sus mayores pilares científicos y filosóficos en la obra de Piotr Kropotkin, concretamente en El apoyo mutuo (1902). Kropotkin, desde un enfoque biológico y evolutivo, refutó la interpretación reduccionista del darwinismo social y de la tesis hobbesiana que presentaban la evolución únicamente como una lucha despiadada entre individuos. A través del estudio de diversas especies animales y de las sociedades humanas, Kropotkin demostró que la cooperación y la ayuda mutua han sido factores evolutivos determinantes para la supervivencia y el desarrollo colectivo. Chomsky retoma esta base para sostener que la solidaridad y el trabajo asociativo son inclinaciones naturales que el capitalismo y las estructuras estatales reprimen de forma sistemática.
Si bien Chomsky fundamenta su propuesta en parámetros biológicos, su postura innatista ha suscitado críticas en el propio pensamiento libertario. La tradición anarquista, desde teóricos clásicos como Proudhon en De la justicia en la Revolución y en la Iglesia (1860) hasta pensadores contemporáneos como Tomás Ibáñez en La naturaleza humana: un concepto excedentario en el anarquismo (2014), ha recelado frecuentemente de los esencialismos. Proudhon rechaza los absolutos metafísicos que se desligan de la experiencia empírica y social, argumentando que no hay ideas ni moral predeterminadas desde el nacimiento: «No hay más ciencia innata o revelada que privilegios innatos o riqueza caída del cielo; y que, así como todo bienestar debe obtenerse por el trabajo [...] todo conocimiento debe ser el fruto del estudio» (Proudhon, 1860, p. 33). En esta misma línea constructivista, Ibáñez sostiene categóricamente que postular una esencia biológicamente fijada constituye «un concepto excedentario en el anarquismo» (Ibáñez, 2014, p. 1). Para este autor, «tratándose de anarquismo no hay ninguna naturaleza humana a respetar o a realizar en su plenitud. Lo primero es la decisión de desarrollar cierta forma de vida» (Ibáñez, 2014, p. 9), por lo que la emancipación prescinde de justificaciones basadas en determinismos biológicos.
Por otra parte, la defensa chomskiana de una naturaleza humana universal e innata adquiere su máxima relevancia filosófica en el célebre debate televisado que mantuvo con Michel Foucault, titulado Human Nature: Justice versus Power (Chomsky y Foucault, 1971). En este diálogo, el filósofo francés planteó una postura escéptica y constructivista, argumentando que nociones como naturaleza humana o justicia no son realidades universales, sino construcciones históricas y herramientas discursivas moldeadas por las relaciones de poder y las instituciones dominantes de cada época, señalando: «En la historia del conocimiento, la noción de naturaleza humana me parece haber jugado principalmente el papel de un indicador epistemológico para designar ciertos tipos de discurso [...]. Me resultaría difícil ver en esto un concepto científico» (Chomsky y Foucault, 1971, p. 15). Para Foucault, hablar de una naturaleza humana fija entraña el riesgo de legitimar nuevos modelos de control social, advirtiendo que al concebirla «¿no corre uno el riesgo de definir esta naturaleza humana [...] en términos tomados de nuestra sociedad, de nuestra civilización, de nuestra cultura? y acabar universalizando, por ejemplo, el modelo burgués» (Chomsky y Foucault, 1971, p. 57).
Chomsky, por el contrario, defendió que el ser humano posee una estructura cognitiva innata (evidenciada en su capacidad lingüística universal y creativa) que fundamenta un instinto elemental de libertad y justicia, afirmando: «Afirmaría entonces que este conocimiento instintivo, si se quiere, este esquematismo que hace posible derivar un conocimiento complejo e intrincado sobre la base de datos muy parciales, es un componente fundamental de la naturaleza humana» (Chomsky y Foucault, 1971, pp. 12-13). Según Chomsky, negar la existencia de una naturaleza humana real deja a la sociedad sin ningún estándar objetivo para condenar la opresión y la tiranía: si la mente humana fuera una simple tabula rasa moldeable por la cultura y el poder, no habría base moral para afirmar que la dominación capitalista o el totalitarismo vulneran la dignidad del individuo.
Esta base biológica sirve, por tanto, como motor para la transformación sociopolítica:
Si es correcto, como creo que lo es, que un elemento fundamental de la naturaleza humana es la necesidad de trabajo creativo, de indagación creativa, de creación libre sin el efecto limitante y arbitrario de las instituciones coercitivas, entonces, por supuesto, se deduce que una sociedad decente debería maximizar las posibilidades para que esta característica humana fundamental se realice (Chomsky y Foucault, 1971, pp. 50-51).
Así, el diálogo con Kropotkin y la confrontación con Foucault permiten comprender que, para Chomsky, fundamentar la acción colectiva en una naturaleza orientada al apoyo mutuo y a la creatividad libre es la única vía rigurosa para proyectar una sociedad anarcosindicalista y verdaderamente igualitaria.
2. Modelo de Chomsky y aplicación práctica
El estudio anterior de Noam Chomsky lo lleva a realizar la siguiente propuesta política: el modelo «anarquista y comunista libertario». El principal objetivo de esta nueva sociedad es alcanzar la máxima libertad posible en conjunto con la justicia, las cuales conducirán a la cooperación y el apoyo mutuo entre los seres humanos, principio que rescata directamente de la tradición biológica y social de Kropotkin. Para alcanzar un sistema de estas características, es imprescindible la adopción del socialismo libertario, puesto que la raíz fundamental de la desigualdad reside en la propiedad privada, la cual genera divisiones de clase insalvables entre poseedores y desposeídos.
A diferencia de posturas reformistas moderadas como las de Rousseau, o del socialismo de Estado de corte leninista, Chomsky sostiene, al más puro «estilo marxista», que la emancipación requiere la apropiación directa de los medios de producción por parte de los trabajadores, sin mediación burocrática ni tutela estatal. Como señala en sus escritos:
la auténtica, definitiva y completa liberación de los trabajadores sólo es posible bajo una condición: la apropiación del capital, esto es, de las materias primas y los medios de trabajo, incluida la tierra por parte del conjunto de los trabajadores (Chomsky, 1970, p. 4).
Este poder no debe transferirse a un partido de vanguardia, sino permanecer en manos de los propios productores mediante la democracia directa y la autogestión obrera.
Este modelo organizativo se articula a través del federalismo libertario, concepción desarrollada por teóricos anarquistas clásicos como Proudhon y Bakunin. Bajo este esquema, la sociedad se organiza de abajo hacia arriba mediante federaciones y confederaciones locales que conservan su autonomía interna y se coordinan en asambleas populares para deliberar los asuntos de interés común donde la «orientación viene determinada desde abajo y opera de acuerdo con las resoluciones de las asambleas regionales y nacionales» funcionando como «un órgano de enlace y nada más» (Chomsky, 1970, pp. 5-6). En estas confederaciones se aplica un sistema de autogobierno territorial donde los cargos de responsabilidad y coordinación son revocables en todo momento y de carácter temporal mediante sufragio popular, impidiendo la consolidación de élites dirigentes profesionales. Las decisiones y normas surgen directamente de las asambleas por distrito, donde la comunidad participa con voz y voto.
Por ello, Chomsky propone la abolición del Estado, para así eliminar a la última institución represora que mantiene al ser humano alienado contra su naturaleza, y mediante esta acción liberar al humano del yugo de sus cadenas y por primera vez hacerlo soberano de su vida y capaz de participar de igual a igual con otros, en la creación de una confederación, donde no exista la desigualdad. Esto de antemano puede parecer ilógico o utópico. Según los pensadores anarquistas mencionados, es necesaria la abolición del Estado para alcanzar la igualdad de derechos para todos, así nadie tendría que ceder sus libertades a ningún líder o Estado, sino que tendrían que ser ellos mismos (los individuos) los encargados de tomar las decisiones sobre su futuro de forma conjunta; en asambleas, en las que todas las personas de la comunidad tienen voz y voto, y mediante una democracia directa y popular dictar las nuevas leyes que existirán en esta nueva sociedad.
Esta es la única manera, según Chomsky, de reencontrarse con la naturaleza humana, para así, en vez de perseguir la meta de aumentar la producción, que es lo que defiende el sistema capitalista, la meta humana sería el progreso y la realización personal, además de la preservación del medio ambiente. Dice también que la democracia actual en la que vivimos no es más que el gran Leviatán descrito por Hobbes (Chomsky, 2005, p. 39); sin embargo, la diferencia es que hoy día tenemos la falsa sensación de poder influir en las decisiones de gobierno, siendo esto una mera ilusión, puesto que simplemente por el hecho de votar cada cuatro años no se cambia nada realmente, ya que el poder real de las democracias occidentales reside en los poderes fácticos y no el pueblo. Aunque él me reconoció personalmente que la socialdemocracia puede lograr progresos europeos significativos, advierte que estos avances operan «definitivamente, aunque con límites establecidos por la autocracia capitalista de estado» (N. Chomsky, comunicación personal, 4 de octubre de 2022). En conclusión, Chomsky propone que también se deben abolir las instituciones de gobierno para acabar con estas élites y así el pueblo recupere su verdadero poder y su capacidad de decisión, mediante el uso de la democracia directa (Chomsky, 2013).
Para complementar los anteriores postulados, se debe aplicar la teoría pedagógica anarquista, ya que sin ella los futuros ciudadanos no entenderían el modelo en el que viven y, para Chomsky, es vital que el ciudadano comprenda los motivos de las medidas políticas que se aplican bajo su sistema; además, no sólo debe comprenderlas, sino que debe formar parte de ellas y para ello es necesaria la educación en el apoyo mutuo y la igualdad. Este modelo está enfocado en reforzar la creatividad y el espíritu de colaboración del estudiante, entendiendo que la educación consiste en «proveer las circunstancias en las cuales florezcan los patrones creativos normales» (Chomsky, 2000, p. 38). Los alumnos pueden escoger qué ramas estudiar y a qué materias dedicar su tiempo, a diferencia de lo que ocurre hoy, donde se obliga a los alumnos a estudiar asignaturas que, en vez de completar su desarrollo personal, los desmotivan, lo que provoca consecuencias indeseadas como el abandono escolar. Además, no se realizarían exámenes, puesto que ningún beneficio reporta al estudiante el hecho de memorizar un texto y «vomitarlo» en un papel para luego olvidarlo. Y por último no habría necesidad de instituciones penitenciarias, puesto que, como Chomsky y Kropotkin lo entienden, el crimen y la maldad son sólo productos del sistema en el que vivimos, ya que «la sociedad misma fabrica a diario esos seres» (Chomsky, 2000, p. 48) y «el hombre es un resultado del medio en que crece y pasa la vida» (Kropotkin, 1887, pp. 25-26).
Debido a esto, debemos cambiar nuestra visión de la responsabilidad individual, puesto que nuestras acciones están determinadas por la sociedad en la que vivimos, aquí podemos ver claramente cómo Chomsky tiene una clara postura determinista, ya que entiende que el individuo no es responsable de sus actos, pues es la sociedad y la educación que recibe quien lo corrompe. Por ello, en el caso de que alguien cometa un crimen, independiente de su gravedad, lo que se debe hacer es reeducar al individuo y reparar a las víctimas, pero en ningún momento castigar a esta persona; puesto que ésta no es responsable de sus actos y además no soluciona el problema de la criminalidad. El ser humano es bondadoso por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe, pues las conductas destructivas no son innatas, sino consecuencia de haber sido sometido a «la escuela y otras instituciones opresivas que han expulsado eso de ellos» (Chomsky & Foucault, 1971, p. 78).
2.1 otros planteamientos políticos
A diferencia de lo que defienden otros pensadores como Lenin o Mao en Sobre la dictadura democrática popular (1949), quienes entendían que los trabajadores debían voluntariamente ceder sus derechos y libertades en pos del Estado y del partido de vanguardia, al que supuestamente pertenecían y ello supondría que no habrían perdido ningún derecho, puesto que todos ellos serían miembros del Estado y por tanto tomarían las decisiones colectivamente mediante la democracia directa,
La democracia se practica en el seno del pueblo [...]. Sólo el pueblo goza del derecho electoral, y no los reaccionarios. La combinación de estos dos aspectos, democracia para el pueblo y dictadura para los reaccionarios, constituye la dictadura democrática popular (Mao, 1949, p. 433).
El problema de esto es que se pueden producir acumulaciones de poder, como ya se mencionó con el caso del estalinismo. Además, para Chomsky estas leyes tienen que venir desde abajo (la masa proletaria) e ir ascendiendo, en vez de desde las élites del partido de vanguardia, puesto que de esta manera se estaría reprimiendo el instinto de cooperación humano, ya que esas leyes no vendrían del pueblo mismo, sino de una élite superior, y por tanto seguirán existiendo desigualdades.
La principal acusación que recibe el modelo anarquista es la calificación de ser utópico, ya que el ser humano no es lo suficientemente maduro como para autogestionarse, y eso provocaría que esa libertad acabaría llevando a la sociedad al modelo de guerra de todos contra todos descrito también por Hobbes. Otros autores como Lenin reconocen en estas posturas una intención sincera nacida de un «generoso odio proletario» que resulta «comprensible y simpático» (Lenin, 1920, p. 49), pero lo consideran un conjunto de ideas con buenas intenciones, pero difusas y vagas, calificando este movimiento de «revolucionarismo pequeñoburgués» (Lenin, 1920, p. 15) basado en ‘sueños anarquistas’ donde «tienen una idea absolutamente confusa respecto al punto de con qué ha de sustituir esa máquina el proletariado» (Lenin, 1917, pp. 56 y 132), las cuales, si son llevadas a la práctica, acabarán en un estrepitoso fracaso, por culpa de su ingenuidad, al entender que el ser humano es capaz de organizarse sin líderes.
También muchos liberales como Herbert Spencer en El individuo contra el Estado (1884) y William Graham en Lo que las clases sociales se deben unas a otras (1883), apoyándose en las teorías del darwinismo social, las cuales afirman que la evolución de la naturaleza es cruel y las especies compiten entre ellas por la supervivencia y sólo tienen éxito los individuos más fuertes. Por tanto, para reproducir estas condiciones, el mejor sistema aplicado al ser humano debería ser el capitalismo.
Chomsky no niega que haya comportamientos egoístas presentes en el ser humano, pero considera que son debido a la educación que recibimos, ya que estamos determinados por ella, la cual nos prepara para ser competitivos, a la larga se ve reflejado en el caso de los adultos, en el mercado laboral, donde compiten por ver quién tiene el mejor currículum, y por tanto cuál será el que obtenga el mejor trabajo, pues «las relaciones de producción capitalistas, el trabajo asalariado, la competitividad, la ideología del "individualismo posesivo", etc., han de observarse como fundamentalmente inhumanas» (Chomsky, 1970, p. 11). Sin embargo, estos comportamientos no se producen porque nuestra naturaleza sea egoísta, puesto que tanto los humanos como los animales somos seres con tendencias hacia el apoyo mutuo y la solidaridad. Sino que se producen por culpa del sistema capitalista, del cual estamos presos. Pero como la naturaleza humana es la búsqueda de la libertad, esta situación no puede mantenerse indefinidamente, ya que la masa del pueblo se rebelará contra esta alienación humana.
Tampoco niega que el anarquismo sea utópico; sin embargo, afirma que es una utopía realizable, cita la frase del anarquista francés Pippo Gurrieri, «Los anarquistas podemos ser definidos como utópicos, en la acepción de soñadores, de individuos que luchan por una sociedad mejor, puesto que como dijo Buenaventura Durruti llevan un mundo nuevo dentro de sus corazones» (Gurrieri, 2016, p. 42). En lugar de imponer este mundo nuevo mediante modelos dogmáticos o coercitivos, Chomsky subraya el valor empírico del proceso: «No creo que nadie sea lo suficientemente inteligente o conocedor como para diseñar una sociedad ideal. Podemos discutir directrices, pero hay mucho que aprender mediante el experimento» (N. Chomsky, comunicación personal, 4 de octubre de 2022).
El objetivo de todo anarquista es intentar acercar esta utopía poco a poco a la realidad, como ocurrió en la revolución española durante los años desde 1936 hasta 1939. Como dice Chomsky, tomando como ejemplo la experiencia española donde «estas ideas han sido ya llevadas a la práctica [...] en 1936» gracias a «un paciente trabajo de años de organización y educación» (Chomsky, 1970, pp. 18-19), los pueblos del mundo deben seguir este camino para alcanzar su liberación. Así, en Cataluña, Aragón y Valencia, los obreros y campesinos se hicieron con el poder, y tomaron todas las fábricas y la tierra de los ricos; además, mediante asambleas, votaron sobre la colectivización de la tierra de los pequeños propietarios, organizando comedores populares gratuitos, suprimiendo las jerarquías mediante el salario único y asumiendo la gestión directa de talleres y transportes sin amos ni directores (Paz, 2002, pp. 23-25, 47-51, 105-106), y así por primera vez en la historia, a excepción del territorio libre ucraniano, consiguieron crear una sociedad autogestionada sin Estado. Durante los primeros meses reinaba un clima de euforia revolucionaria donde «el dinero había perdido su razón de ser» y se vivía «la utopía hecha realidad» (Paz, 2002, pp. 47-48), y en todas las fachadas de los edificios y las industrias expropiadas estaban pintadas las siglas de la cnt (Paz, 2002, p. 26).
Por primera vez en la historia se respiraba en el ambiente la auténtica libertad, y en consecuencia, al estar alineados con la propia naturaleza humana, se había alcanzado el fin de la felicidad, como se puede ver en una escena de la película Tierra y libertad de Ken Loach, donde en el pueblo más pobre de España vota si colectivizar la tierra, y al hacerlo dice uno de sus habitantes: «puede que seamos el pueblo más pobre de España, sin embargo, somos también el más feliz; puesto que, por primera vez somos dueños de nuestro destino». Y esto se debe a que una vez liberados del yugo de las cadenas del modelo capitalista, las personas pueden dedicarse a tareas dignas que les ayuden a crecer como individuos, además de ayudar al colectivo de la sociedad. Para Chomsky, este ejemplo demuestra que el anarquismo no es una mera teoría vaga y utópica, sino que es totalmente aplicable; de hecho, es la única que alcanza la verdadera liberación humana, donde cada individuo forma parte de un colectivo, el cual, mediante el confederalismo democrático, puede decidir sobre su propio futuro, sin tener que depender de ninguna organización superior, más que ellos mismos, organizados mediante «un sistema federado y descentralizado de asociaciones libres que incorpore tanto las instituciones económicas como otras instituciones sociales» (Chomsky y Foucault, 1971, pp. 52-53).
3. Conclusión
¿Cómo debemos actuar en la sociedad de hoy? Según Chomsky, no debemos huir de la responsabilidad y por ejemplo fundar una comuna en el monte aislada del sistema, rechazando la lógica de «que un radical deba desvincularse de las instituciones opresivas» en lugar de utilizarlas para combatirlas (Chomsky y Foucault, 1971/2011, pp. 84-85). Puesto que para él esto es actuar con mala fe y cobardía, sino que se debe uno enfrentar a las injusticias que vea en su día a día, ya sea en sus centros de estudio o en su lugar de trabajo, puesto que si decide ignorarlas estaría actuando en contra de su naturaleza. Además, se debe de buscar la unión, puesto que el ser humano es un ser social y necesita de otros para un gran cambio en la sociedad.
Chomsky entiende que los principios del apoyo mutuo son los que deben primar en el día a día, y ponerlos en práctica siempre que sea posible, para poco a poco ir creando una conciencia en la sociedad, haciendo posible que nos demos cuenta de que, como especie, si seguimos con este sistema, estamos abocados a la extinción. Como dice Chomsky en su libro Cooperación o extinción (2020), si seguimos con un sistema donde el principal valor es el egoísmo, la competitividad (alienación contra la naturaleza humana), y el consumo creciente de recursos, el único resultado posible es el colapso total del mundo en el que vivimos (Chomsky, 2020). Para construir un mundo nuevo basado en los ideales propuestos en este trabajo de investigación, todo esto no será fácil de conseguir, ni estará libre de errores; sin embargo, el anarquismo es una corriente viva, que aprende de sus experiencias y sus errores.
También cabe esperar una reacción de las élites del mundo, pero en este mundo sin las cosas claras, siendo este trabajo un asunto de actualidad, debemos seguir investigando, ya que, debido al límite de palabras, no se pudo tratar el asunto completo de la naturaleza humana y el comportamiento animal; así pues, queda abierto este campo de investigación que tratan autores como Kropotkin y es continuación directa de este trabajo. Ahora más que nunca son necesarios los fundamentos filosóficos en la acción política. Como dice Orwell en su libro 1984
No pueden hacer eso –dijo finalmente–. Es la única cosa que no pueden hacer. Pueden hacerte decir lo que sea. Cualquier cosa. Pero no pueden hacer que te la creas. No pueden meterse dentro de ti. –No –dijo él, un poco más esperanzado–, no, eso es verdad. No pueden meterse dentro de ti. Si uno puede sentir que vale la pena seguir siendo humano, aunque eso no conduzca a nada, entonces los ha vencido. (Orwell, 1949, p. 134).
Referencias
Alemany, I., Rojas, G., Gallardo, M. A., y Sánchez, S. (2013). El abandono escolar temprano en un contexto multicultural: análisis de sus causas por los agentes profesionales y sociales implicados. Journal for Educators, Teachers and Trainers, 4(2), 191-203.
Chomsky, N. (2012). The Purpose of Education [Entrevista]. Learning Without Frontiers.
Chomsky, N. (2000). Apuntes sobre el anarquismo, el marxismo y esperanzas sobre el futuro (J. Fdez. Retenaga y A. Sola, Trads. Obra original publicada en 1970). Biblioteca Virtual Omegalfa.
Chomsky, N. (2000). Chomsky on MisEducation (D. Macedo, ed.).
Chomsky, N. (2005). El gobierno en el futuro. Anagrama.
Chomsky, N. (2013). Sobre la anarquía (N. Schneider, Intro.). Capitán Swing.
Chomsky, N. (2020). Cooperación o extinción (2.ª ed.). Ediciones B.
Chomsky, N., & Foucault, M. (2011). Human Nature: Justice Versus Power. The Chomsky-Foucault Debate (F. Elders, ed. Debate original transmitido en 1971). Souvenir Press.
Douglass, F. (2003). Narrative of the Life of Frederick Douglass, an American Slave. (Obra original publicada en 1845). Bedford/St. Martin’s.
Gurrieri, P. (2016). La anarquía explicada a mi hija. Descontrol Editorial.
Hobbes, T. (1940). Leviatán: o la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil (M. Sánchez Sarto, Trad. Obra original publicada en 1651). Fondo de Cultura Económica.
Ibáñez, T. (2014). La naturaleza humana: un concepto excedentario en el anarquismo. Réfractions, (33).
Kropotkin, P. (2001). Las prisiones (Obra original publicada en 1887). Confederación General del Trabajo (cgt).
Kropotkin, P. (2016). El apoyo mutuo: un factor de evolución (L. M. Solano, Trad. Obra original publicada en 1902). Pepitas de Calabaza.
Lenin, V. I. (1999). La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo (Obra original publicada en 1920). Ediciones Eléctricas Iskra.
Lenin, V. I. (2010). El Estado y la revolución: la doctrina marxista del Estado y las tareas del proletariado en la revolución (Obra original publicada en 1918). Biblioteca Virtual Omegalfa.
Lenin, V. I. (2010). ¿Qué hacer? Problemas candentes de nuestro movimiento (Obra original publicada en 1902). Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información.
Loach, K. (Director). (1995). Tierra y libertad [Película]. Gramercy Pictures.
Mackey, J. y Sisodia, R. (2014). Capitalismo consciente (Obra original publicada en 2013). Empresa Activa.
Mao, T. (1949). Sobre la dictadura democrática popular: en conmemoración del xxviii aniversario del Partido Comunista de China. Marxists Internet Archive.
Marx, K. (2001). Manuscritos económicos y filosóficos de 1844 (J. R. Fajardo, ed. Obra original publicada en 1932). Biblioteca Virtual Espartaco/Marxists Internet Archive.
Marx, K. y Engels, F. (1999). El manifiesto comunista (2.ª ed. Obra original publicada en 1848). Fundación Federico Engels.
Orwell, G. (2013). 1984 (Obra original publicada en 1949). Mariner Books/HarperCollins Publishers.
Paz, A. (2002). Viaje al pasado (1936-1939). Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo.
Platón (1871). Critón (P. de Azcárate, d. y Trad., vol. 1. Obra original publicada ca. 399 a. C.).
Platón (s.f.). Gorgias. (483b‑484b / 488c‑489d).
Pomar, M. y Díaz, O. (1998). Desmotivación académica del alumno superdotado. Faisca. Revista de Altas Capacidades, (6), 117-135.
Proudhon, P. J. (2023). Justice in the Revolution and in the Church (S. P. Wilbur, Trans. Obra original publicada 1860). Corvus Editions.
Sierra, B. y Pérez, M. (2013). La educación en J. J. Rousseau: un antecedente metodológico de la enseñanza basada en la formación en competencias. Revista Complutense de Educación, 26(1), 121-139.
Toscano, D. (2004). El imperialismo estadounidense contra América Latina. Rebelión.org.